Honestidad

La palabra Honestidad viene del latín «honestas», que significa «unidad», unidad con la verdad. Somos honestos con nosotros cuando nuestras opiniones, sentimientos, actitudes o acciones son  coherentes y estén de acuerdo con la verdad. La cualidad más necesaria de toda sobriedad es La Honestidad; es la «esencia» de todo el programa, no vacilo en asegurar que no importa cuán bajo se haya descendido, que si puede llegar a ser honesto consigo mismo alcanzará y mantendrá la sobriedad. 

Como enfermos, terminamos siendo los más deshonestos de todos los seres humanos; terminamos patológicamente deshonestos, los más completos mentirosos del mundo. Esta básica cualidad, la deshonestidad, en cierto modo nos «fuerza» a tomar una falsa posición para con los demás. No nos atrevemos a dejarlos conocer la verdad. Aun en aquellos que creíamos tener una vida espiritual, la deshonestidad saturaba todo lo que hacíamos.

Nuestras oraciones en sí mismos no solamente no pasaban de ser meras palabras sino una positiva mentira; No estábamos pidiendo la gracia de la sobriedad; estábamos pidiendo que Dios eliminase la «herida». Y así, cuando la herida se curó, se volvía a lo mismo otra vez. El resultado final de todo esto fue un lío de confusión, desconfianza. Es así que, antes que cualquier otra cosa, es necesaria la honestidad antes de que se pueda sencillamente «empezar a estar sobrio». La felicidad-serenidad simplemente no se alcanza y no existe sin la honestidad.

Ella es como la grasa en el eje, la rolinera en la rueda, el torno en la confección de la rueda, el eje y la rolinera. Ella hace que nosotros encajemos en la vida de modo que los conflictos normales y las fricciones qué provienen de ellos, no produzcan calor o destrucción o lleguen a ser obstáculos insuperables. Observemos los grupos  ¿Quiénes son los que están sobrios y tienen serenidad? Aquellos que son honestos. No son necesariamente aquellos que conocen mejor el programa o los Doce Pasos. No son necesariamente los «santos»; Pueden ser igualmente todavía grandes pecadores. Pero son honestos. La honestidad es lo mejor política. 

Demos ahora una buena mirada sobre todos los «recaídos». ¿Qué es lo que está mal? Simplemente no quisieron ser honestos. En igual forma la literatura dice que los únicos que no tienen la más mínimo posibilidad de éxito en conseguir la sobriedad son aquellos que «son incapaces de tomar el programa con rigurosa honestidad».Por otra parte, leemos, «buena voluntad, honestidad y mente abierta son necesarias para la recuperación… son indispensables». 

En los primeros tiempos del programa; había sólo tres axiomas: 

  1. Sea honesto consigomismo (honestidad).
  2. Limpie su casa (honestidad).
  3. Ayude a otros (honestidad)

 Por otra parte, nunca he vacilado, por temor a una válida contradicción, en hacer esta declaración: «Si una persona es honesta, y honestamente lo intenta, permanece sobria y estable». Somos honestos con nosotros mismos y con los demás cuando en todas nuestras actividades y en nuestras relaciones con ellos, tanto de palabra como de obra, estamos de acuerdo con la verdad y cuando existe coherencia en nuestras palabras y acciones. Todo lo demás es deshonestidad con todas sus varias connotaciones: dobles manejos, omisiones, excusas, justificaciones, explicaciones, mentiras, apariencias, o lo que usted piense.

Jose Luis

Grupo Fuentes del Paraíso

ÁREA distrito capital

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